miércoles, 26 de febrero de 2014

MARIA JOSE ALLER 550m. D+


Después de llegar a casa corriendo, deshacer una mochila y hacer otra, corro a reunirme con mi hermano de cuerda... y carretera ... que toca Telera.
Dormir poco, y antes de que salga la luna, ya tenemos medio desayuno en el estómago, mientras vamos colocando todo en la mochila, y los arneses en la cintura. A la luz del frontal nos adentramos en la noche, en busca del lugar donde queremos jugar.


Al llegar la puerta esta abierta, y el día comienza a desperezarse, con una débil luz a nuestras espaldas. Dejamos de perseguir el circulito de luz que se mueve inquieto delante de los pies, mientras subimos el interminable cono de entrada al corredor. Nos aburrimos de subir... la nieve a estas horas de la mañana, esta dura... a ratos, por que de repente esta polvo, y se deshace bajo las botas.


Llegados al primer resalte, la duda ataca un instante, pero las ganas de vivir, la apartan a un lado, y en solo integral, sin cuerdas , le ganamos la partida.


Mas campa para pasear, siempre ascendiendo, hasta darnos con un nuevo resalte. Aquí si. Aquí sacamos las cuerdas, y nos preparamos para pelearlo. El hielo, se pone tieso, como a unos 70 º de inclinación, y hay que andar con cuidado. Esto no es lo que hemos dejado atrás.


Pero cuesta poco domarlo, esta como dormido, o estamos pletóricos. A partir de aquí, en ensamble, se progresa muy bien. Al volver la vista atrás, el espacio se convierte en un agujero, que parece querer tragarte, con un telón de fondo de bellas montañas nevadas.


El paso clave de la vía, se muestra ante nosotros. Se pavonea, con su dificultad, intentando crearnos dudas.
Todo es cuestión de entrarle con los piolets por delante. Los pasos son delicados, el hielo esta muy trillado, y apenas tiene consistencia. Lentamente, buscando bien los emplazamientos, gancheando entre la roca, asegurando a un clavo que no se cuanto tiempo llevará aquí, salgo triunfante por arriba, y busco un lugar donde montar una sólida reunión.


Mi hermano de cuerda, viene detrás, y sale por fin atravesando la enorme cornisa, que pendía sobre nuestras cabezas.


El reloj se ha detenido, nos ha costado un suspiro entrar y salir de este corredor. Nadie por delante, y nadie por detrás, hemos estado solos, disfrutando de esta maravilla, creada por la naturaleza.
Ahora buscamos los rápeles de salida, y nos vamos a comer...y nos vamos a casa.
Toca descansar, que ya es hora.

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