lunes, 7 de octubre de 2013

PEÑALARA


Aprovechando un fin de semana, en el que las necesidades familiares, invitaban al viaje, decidimos dar un paseo por la sierra madrileña..
Hotelito rural, para dormir.
Lo mas rural del hotel, es el colchón sobre el que nos toca dormir....parece estar relleno de bellotas.
El amanecer, es frío, húmedo y neblinoso.
El parking, igual.
 Con una ligera reseña de unos ,que por lo visto también subían, nos vemos de repente solos, sin poder seguir, ni tan siquiera con la mirada a los que nos indicaron el camino. Probamos suerte, y en unos metros, nos damos de frente con los carteles. Para aquí, para allá, para Peñalara, para el otro lado.... Que fácil. Un ancho camino, mas parecido a una pista forestal, se extiende ante nosotros, y nos invita a seguirlo. Es un paseo tranquilo, y de vez en cuando, el sol parece que quiere asomar entre las nubes.
Vamos pasando los pasos,  ganando altura. En un momento, la laguna grande de Peñalara, es visible entre la niebla. Es tímida... al intentar hacerle una foto, se coloca  el velo de nubes....
Ahora, la nube es mas densa, y llora. Llora lágrimas, muchas, menudas y grandes, y es conveniente taparse.
El camino en un momento, se ha  estrechado, y con el dobladillo de los pantalones rozando los ginebros, persiguiendo los hitos, encontramos la cima de una de las hermanas. El tiempo no esta para tonterías,  hacemos oídos sordos a su llamada, y continuamos hasta donde vive su hermana. Somos como somos. Si no visitamos a una, tampoco visitamos a la otra, no hay favoritismos. Pero parece que algo se cabrea con nosotros, y nos manda un viento fuerte y helador. Las gotas caídas anteriormente, tienden a volverse duras, y a congelarse en nuestra ropa húmeda. El camino, ya es una adivinanza, y a ellas  jugamos, hasta encontrar un nuevo cartel que nos anuncia el final de nuestra ascensión. Pico de Peñalara.  Luchando con un viento salvaje, que impide hasta sacar una foto con trípode.

Vamos, vámonos para abajo.
En el descenso, muchos son los que quieren subir, quizás tengan mas suerte y el viento no se les enfade si no visitan a las hermanas.
Nosotros, bajamos  a ponernos secos, y a continuar nuestro viaje.