miércoles, 25 de septiembre de 2013

ANAYET.... Via de los balcones



Siempre habia dicho, que la primera vez que subiera, seria por una via elegante.
Pasaron inviernos, esperando condiciones, y otra cabeza loca como la mia. Y siguieron pasando...
De repente, un dia me llega una llamada, y me propone la via de los balcones al Anayet.
Aquí esta mi via elegante....y tengo otro cabeza loca.
La rutina de siempre. Conducir, esperar, juntarse, risas, una cerveza, conducir, risas, anochecer....
La luna llena fue impresionante, en el lugar que escogimos para dormir.









La aproximación, nos sacó el sueño por los poros de la piel. El sueño, y unos cuantos líquidos.
Por fin, llegamos a ver su silueta imponente.  Incluso la belleza del paisaje de los lagos, se queda pequeña. 


Grande, áspera, vertical, toda ella de roca. 
Roca por donde arrastrarnos un buen rato.
Al pie de la via, somos los primeros. Pero en unos minutos, llegan mas cordadas. Impaciente, arranco en el primer largo, y el suelo, se vuelve vertical.
Una vez mas, voy a reunirme con mis queridos buitres.
De nuevo, la jerga habitual, el chasquear de mosquetones, y  ganarle metros a la gravedad.
Pero en una mirada hacia abajo, veo que de todas las personas que se habian reunido abajo, conte once personas, uno esta tocando mis talones con su flequillo.
-         No me gusta agobiar....yo respeto mucho a las cordadas que van delante mio....soy muy respetuoso con los de delante y los de detrás....
Mi lado mas borde aflora, y le pido calma, le pido tiempo, no hay espacio para nadie aquí en esta reunión, y le digo que espere.
Agobiado por la situación, sigo a mi hermano de cuerda, y logro alejarme, pero es en vano, vuelven a alcanzarnos.
 Solución, empalmo un par de largos.
De repente, en medio del silencio...-... piedra, piedra...-
Una avalancha canta su terrorífica canción.
Y luego nada.
 Solo el sonido mudo de la roca al sol.
Aitor, no ha oido nada, y sacudo mi cabeza, ha sido real, no lo he soñado.
Seguimos un camino sin definir, solamente por intuición, una hilera de chapas plateadas, donde asegurar nuestra vida, como si fueran miguitas de pan, siendo nosotros sus pulgarcitos.
Siempre me hace sonreir, las caras de los que han subido por otro sitio, cuando llego a la cima. Me siento marciano, y siempre se escuchan palabras de ánimo.
Ya no nos queda montaña que subir, y con un enorme abrazo, rubricamos otra ascensión maravillosa.
Aparte de la bajada, solo nos queda esperar a nuestros compañeros.
Otras cordadas, otras gentes, aparecen por esta cima. Unos por la normal, otros por nuestra vía.
Tras cuatro horas de aburrida espera, aparecen nuestros compañeros, Zuri, Luis y Ramón.
La avalancha ha intentado putearles el día. Alguna pedrada, y una cuerda cortada. Por suerte, el alma conservó tres trenzas, para poder llegar a lo mas alto.
Susto o muerte. Esta vez solo susto. Las golosinas, nos las comimos alli arriba, todos juntos, admirando el paisaje.