viernes, 5 de julio de 2013

De clarabides al Armengaud


Buscando no se qué, decido unos días de lejanía del mundo, y me quiero perder.
El lugar elegido, unos monticos en el pirineo. Ya es la tercera vez que voy. Las dos primeras por el tiempo reinante, no ha habido oportunidad. Quizá ahora sea la definitiva.
Dicen que la montaña es peligrosa, pero cuando conduces tres horas de carretera, me hace pensar que quien opina asi, no sabe de que habla.


Algunas nubes me acompañan en el sendero que conduce al refugio. Los partes meteorológicos, anuncian tormentas, el calor, unido al esfuerzo, y la mochila gorda que me acompaña, me hacen sudar.
En la mochila todo lo necesario, para vivir durante algunos días en el filo de los tres mil metros. Saco, comida, un cordino largo, algún hierro, crampones , piolet, hornillo, algo de ropa de repuesto, y de abrigo, y porsiaca, el toldo de una pequeña tienda.
Una cervecita en el refugio, y un poco de conversación, con una pareja de abueletes, que toman el sol en la puerta.
Me miran a la vez sorprendidos por mis intenciones, y con un poco de envidia. Los años no perdonan, me dicen.......
Este camino ya lo conozco, pero que distinto esta....Abunda la nieve, pero hoy, no es capaz de blanquear toda la vista. La roca pide su sitio y las marmotas y las chovas, son su compañía.



Los lagos, parecen inmensos refrescos, con sus hielos flotando. Escondiendo el fondo de este agua transparente....tranquila...donde viven los reflejos. Sobre ellos, el inmenso penacho de agujas, aristas, rocas que miran al cielo, como queriendo alcanzarlo. Entre ellas y yo, un inmenso silencio mineral....
Como la tormenta esta al acecho, monto el txoko, en el único lugar plano que hay libre de nieve. Justito cabe el toldo, asegurado con piedras. La tarde, es larga todavía, y con labores de paseo por los alrededores, y  preparación de la cena, consigo acortarla. Un libro, con la espalda apoyada contra una piedra, y un poco de buena música, hacen mas llevadera la espera de la noche.
Un leve repiqueteo contra la tienda, me recuerda que la tormenta andaba por alli cerca, y viene a visitarme. – Quizá pase de largo...- y pasa, pero al cabo de un rato se debe de haber olvidado algo, y vuelve con mas ganas, recordándome donde estoy...durmiendo en el suelo, en medio de su espacio.



Con las primeras luces del día, emprendo la recogida, y de nuevo la marcha hacia lo alto. En los collados, descansa la mochila, y en mis espaldas, nacen alas, hacia esa coronación de hitos de piedra, que nos señalan que no se puede subir mas alto, y que lo que queda es bajar a buscar un nuevo hito.
Cima tras cima, el camino se va acortando. Libros de cima que rellenar, paisajes que fotografiar, para guardar en el recuerdo.
Cuando la arista se eriza, me recuerda que mi mochila no es ligera...comienza a exigir que decida cual es el camino...Hay montañeros que se mueren de viejos, y otros montañeros se matan, y esto estaba aquí la primera vez que vine....y aquí sigue...hoy quiero morirme de viejo.
No quiero asomarme al vacío.



Muchas veces es mas duro el retorno que el avance, y aunque me cuesta abandonar, un poquito de prudencia, escondida bajo una piedra, me hace un guiño.
Sigo la huella anteriormente marcada.
¿ que había venido a buscar?....¿Qué he encontrado?.....